La acromegalia es una enfermedad endocrina causada por un tumor que se aloja en la hipófisis. Esta última se ubica dentro del cráneo y produce las hormonas controladoras de diversas glándulas, como la tiroides, las adrenales, los testículos y ovarios, entre otras.
La mayoría de los casos se detectan después de 10 años de evolución. La edad promedio en que se manifiesta la patología es alrededor de los 45 años, en ambos sexos.
El médico endocrinólogo Franklin Ablan, citado en un trabajo publicado por Novartis de Venezuela, explica que "la acromegalia se manifiesta principalmente por el cambio en el aspecto físico de la persona, producto del agrandamiento de las extremidades (manos, pies, muñeca, codos, rodillas y tobillos). También hay cambios óseos del cráneo, mandíbula y mentón, arco de las cejas, engrosamiento de los labios, lengua y hasta modificaciones en el timbre de la voz".
Las personas que padecen acromegalia no se dan cuenta de su estado durante el inicio de la enfermedad. Cuando los cambios físicos se hacen notables, la patología se encuentra en estados avanzados, pero existen otros síntomas que pueden ser señal de alerta: Exceso de sudoración y vello, dolores articulares, cansancio, hormigueo en las manos, apneas nocturnas, bocio, irregularidades menstruales, ronquidos, disminución de la líbido, alteraciones del humor y arritmias.
En Caracas, los chequeos de despistaje pueden solicitarse en centros médicos dotados para el diagnóstico y manejo de pacientes con enfermedades hipofisarias, como los hospitales Vargas, Domingo Luciani, Miguel Pérez Carreño y el Clínico Universitario de Caracas.
Acromegalia no es igual a gigantismo, aclara el especialista. El gigantismo se manifiesta antes del desarrollo de la pubertad, cuando todavía no ha concluido el proceso de crecimiento. La acromegalia en cambio somatiza cuando ya se completó el crecimiento y desarrollo, en la juventud o adultez.
Además, suele traer consigo ciertas complicaciones en el organismo, como diabetes mellitus, trastornos del colesterol y triglicéridos; cálculos renales; agrandamiento del corazón; hipertensión arterial, osteoartritis en rodillas, tobillos, cadera, columna vertebral, codos, hombros y manos; y hasta cáncer en el aparato digestivo y pólipos malignos.
"El paciente puede curarse de la enfermedad al detectar el tumor en la fase inicial. Para ello existen diagnósticos como la medición de la hormona somatomedina C, para la pesquisa. La prueba concluyente es la supresión o no de la hormona de crecimiento (HC) luego de someter al paciente a una sobrecarga de 100g de glucosa y medir HC a los 30, 60, 90 y 120 minutos y cuyos niveles normales en sangre suelen estar por debajo de 1mcg Lt en esta prueba", explicó Ablan.
El tratamiento clínico inicial es la cirugía, que deriva en la cura de un 60 a 80% de los casos, "dependiendo de la habilidad del neurocirujano especialista, cuando se trata de pacientes con tumores pequeños (microadenomas); y en un porcentaje menor cuando son tumores grandes (macroadenomas). En ambos casos es muy importante el papel de la molécula Octreotide para controlar los síntomas de la enfermedad y también para evitar el crecimiento del tumor y lograr una cura a largo plazo", añadió.
FUENTE: AVN


