“Yo he durado hasta 12 horas en una cola para comprar leche, harina, detergente o papel higiénico, pero no siempre he tenido suerte. A veces, cuando logro entrar al negocio ya no queda nada”.Así describe el ama de casa Luisa Ramos, la experiencia que le toca vivir cada vez que tiene que abastecerse de algún producto regulado.
Y es que en promedio, un cliente invierte seis horas-hombre al día en las filas que se forman en cualquier establecimiento para adquirir alguno de los artículos escasos, según una medición realizada por el Departamento de Análisis y Costo del Colegio de Ingenieros de Venezuela.
El Gobierno nacional ha puesto todo tipo de controles (captahuellas, terminal de cédulas, venta restringida, cierre de fronteras), pero ninguno ha servido para acabar con esta práctica poco usual, salvo en condiciones de recesión.
“Las colas no desaparecerán mientras exista la escasez. No es que nos gusta o que nos hemos acostumbrado a esto, lo hacemos porque tenemos que comer”, dijo el obrero de la construcción, José Peña, mientras aguardaba para entrar al supermercado Central Madeirense de Puerto La Cruz.
Diariamente la prensa reseña que esta situación se ha extendido a las ventas de pan, batería, cauchos, cemento y otros rubros que no se encuentran en los anaqueles.
Jesús Guaita, directivo del Colegio de Ingenieros de Anzoátegui (Cianz), indicó que aunque el estudio no es científico, las horas que se pierden en la caza de alimentos tiene un coste en tiempo, que en una economía sana debería ser utilizado para producir bienes y servicios.
Señaló que aunque el artículo 117 de la Constitución Nacional establece que todas las personas tendrán derecho a disponer de bienes y servicios de calidad, este derecho no se cumple.
“Los altos precios del petróleo permitieron que durante 15 años, el Ejecutivo utilizara estos ingresos para importar en vez de incentivar la producción interna. Al bajar la cotización del barril y las industrias y el campo en el piso, surgió el desabastecimiento y una demanda artificial, ya que el consumidor está dispuesto a comprar lo que consiga para protegerse de la escasez”.
Ramos y Peña coinciden en que la crisis empeorará. “Hoy hacemos colas en los comercios, mañana no sabemos si vamos a conseguir algo.
Cada vez desaparecen más productos y eso es muy angustiante”, acotó la sexagenaria que, incluso, ha perdido días de trabajo como doméstica, para dedicarlos a buscar alimentos para sus cinco hijos.
“Yo no soy bachaquera y sólo me permiten comprar dos paquetes de harina y de arroz cada ocho días. Eso no alcanza. Tengo que andar buscando cualquier cosa para llevar a la casa”, comentó la mujer, quien se quejaba por no conseguir huevos, arroz, pasta, pollo, mantequilla y café.
Fallas
El expresidente de Fedecámaras Anzoátegui, Remo Di Marcantonio, tiene claro que mientras no haya incentivos para reactivar el aparato productivo y se aplique un plan para recuperar sectores prioritarios como la industria y la agricultura, los inventarios continuarán secos.
“A la mayoría de las empresas les niegan las divisas, por ello no hay materias primas para fabricar; llevamos cuatro años sin sincerar el costo de los productos, el gobierno ha expropiado y mantiene el control de las industrias lácteas, cementeras, atuneras y de aceite, cuya producción no abastece el mercado”.
Según Guaita, la tendencia de precio de los hidrocarburos es a la baja, por lo que si no se aplican correctivos como la liberación del cambio, el aumento del precio de la gasolina y se mantiene el subsidio sólo en algunos rubros esenciales como las medicinas, la situación empeorará.
“Solo hay dos vías para solucionar el problema, una es proyectar un programa de producción a 20 años y el otro sería con importaciones, pero este último requeriría de mayor renta petrolera”, acotó Di Marcantonio.
| FUENTE: Katy Jurado - http://eltiempo.com.ve |


