El occiso, Rosalio Gamboa, apodado "El Roso", quien contaba con 27 años de edad, era investigado por la supuesta comisión de, al menos, cinco homicidios y un secuestro, lo cual lo convertía en uno de los diez sujetos más buscados por los organismos de seguridad. Para mayor conmoción, la cabeza fue encontrada en la céntrica plaza Miranda del municipio del mismo nombre –curiosamente, al cumplirse un aniversario más del natalicio del prócer epónimo-, en tanto que el resto del cadáver fue ubicado, aproximadamente, a ocho kilómetros, en el sitio denominado Laguna de los Sapos.
Para el dirigente vecinal Lorenzo Rondón, quien ejerciera en dos oportunidades como alcalde de Pariguán, este horrendo hecho ratifica el embate criminal que estremece a las comunidades asentadas en el área de la Faja Petrolífera del Orinoco.
"Se dice que este ciudadano, quien dirigía a una banda apodada, precisamente, ‘El Roso', estaba involucrado en delitos de todo tipo –ajusticiamientos, extorsiones, persecuciones, robo de fincas-, en perjuicio de productores agropecuarios, comerciantes, trabajadores petroleros y de la colectividad, en general. No solo se trata de tan abominable suceso: sufrimos una terrible situación en pueblos tranquilos como El Hatillo, Uverito, San Diego de Cabrutica, además de Pariaguán, hoy expuestos a lo que es el hampa desbordada", manifestó Rondón.
"Aquí se estaba construyendo todo un mito alrededor de ‘El Roso', la gente contaba anécdotas, decían que se disfrazaba permanentemente de mujer, que iba al hospital, que iba a la plaza Bolívar, aquí se tejieron leyendas", dijo sobre la conducta del asesinado.
No hay respuestas ni soluciones donde imperan silencio y miedo
El antiguo titular del ayuntamiento de Miranda denunció que ni el primer mandatario regional, Aristóbulo Istúriz, ni los voceros municipales han ofrecido soluciones ante la crisis que ha desatado la inseguridad. "El cuerpo policial de Pariaguán no cuenta con recursos técnicos, con personal suficiente, no tiene patrullas, luego de que la última unidad disponible saliera de circulación tras colisionar hace, apenas, cinco días", enfatizó el líder comunitario.
El declarante ignora si el caso mantenga alguna relación con una "guerra entre bandas". "Ahora existen conexiones en las cuales los pranes dominan todo el escenario; son redes que vienen funcionando en todo el sur de la entidad, conectadas con Valle de la Pascua, El Tigre, El Tigrito, Zaraza, y hasta Ciudad Bolívar: Ahora, una llamada telefónica a cualquiera lo asusta, nadie habla; nadie quiso declarar en la plaza Miranda pues reina un terror colectivo; inclusive, una persona que estaba allí llorando, quien era un familiar de
"El Roso", no pronunció palabra ante los representantes de la prensa", agregó.
"Es realmente preocupante, nadie da la cara, todo el mundo se queda con su silencio y con su temor; la gente lo que hace es recogerse temprano, participar lo menos posible en actividades públicas; pero eso es lo que estamos viviendo no solamente en la Cota 905: el tema de la delincuencia es un tema nacional, el gobierno lo permitió, la impunidad es tan grande que ya la gente no cree en los organismos de seguridad", expresó Lorenzo, acotando que mientras no exista una verdadera coordinación policial será mucho más difícil combatir a quienes actúan al margen de la ley, mencionando que en Pariaguán no existe una sede del Cuerpo de Investigaciones, Penales y Criminalísticas (Cicpc) ni del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), mientras que son escasos los efectivos destacados por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).
Sin embargo, "mientras no haya una respuesta del alcalde, del gobernador ni del Ejecutivo Nacional, en una zona donde se movilizan miles de personas, principalmente, por el proyecto petrolero, se mantendrán las estadísticas rojas y los homicidios horribles", concluyó el dirigente vecinal Lorenzo Rondón, exalcalde de Pariaguán.
Hipótesis criminalística y problema de salud pública
Para el criminólogo Fermín Mármol García, el caso de Rosalio Gamboa, (a) "El Roso", puede explicarse, desde la óptica de la investigación, bajo dos hipótesis relacionadas con la conducta delictiva latinoamericana, principalmente.
"Una, la cultura del mundo ilegal del tráfico de drogas que es muy propensa a desmembrar los cuerpos humanos; y, dos, la cultura carcelaria. Esas serían las dos tesis más fuertes para una investigación por parte de la policía científica", indicó el conocido abogado, quien agrega una tercera vía, de menor impacto, vinculada con temas de culto religioso, "no tan común en Venezuela como en otros países latinoamericanos, pero que también aparece en nuestra literatura criminológica", aseveró.
Mármol García destaca que la nación presenta hoy signos de lo que llamó una "sociedad primitiva", identificados cada vez que el venezolano se comporta como un habitante.
"El habitante de un país es un sobreviviente, es un ser sumiso, conformista, que deja de soñar y de luchar; hace colas para comprar alimentos y no protesta, ante el alto índice de violencia no protesta", enfatizó, señalando que se trata de un ser que busca explicación para todo con el fin de aceptar la realidad
"Y, por otro lado, tenemos fenómenos sociales que también nos hablan de una sociedad primitiva cuando tenemos signos de la Ley del Talión, esa ‘del ojo por ojo y diente por diente', que es el linchamiento, un signo inequívoco de que el sistema de justicia no funciona, que no confío en él, y, entonces, como vecinos, como familia, vamos a resolver la situación. También el homicidio bajo la modalidad del sicariato, contratar a alguien para matar a otra persona, revelan el primitivismo presente", destacó Mármol García.
Para el especialista, el país ha retrocedido, el venezolano ha cambiado su gentilicio, ya no es tan buena gente, no es tan tolerante, desconfía mucho más, es más irritable, más cerrado. "Y así no éramos nosotros", puntualiza.
"La violencia ha atentado con algo que se llama la salud pública, y la salud pública es un concepto que bien desarrolla la Organización de Naciones Unidas. Los venezolanos tienen un problema de salud pública derivado del crimen, de la violencia; sin lugar a dudas, una sociedad primitiva que me encierra, que me cercena la movilidad recreativa, que me cercena la movilidad social de pasar de una sociedad a otra, que me hace soñar con irme. Eso es lo que está viviendo el venezolano hoy en día y es muy lamentable", sentenció el profesional del Derecho, Fermín Mármol García.
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