Todo fue un caos. Del rancho de latas de zinc no quedó nada. La furia de la cañada Fénix arrasó con la humilde vivienda de la familia Montiel y la corriente se llevó a tres hermanas que murieron ahogadas durante el aguacero de cinco horas que azotó ayer a Maracaibo.
Jackeline, de 10 años; Vanessa, de ocho, e Íngrid, de apenas dos, estaban con sus padres y sus otros tres hermanos cuando empezó a llover. La mayor, como todos los días, ayudaba a su mamá con la limpieza del ranchito y el baño de los bebés, recordó María Elena Montiel, tía de las niñas.
"Me fui como a las 8.00 de la noche y ya estaba lloviendo. La tragedia fue en la madrugada. Todos estaban dormidos cuando los sorprendió la crecida de la cañada; el agua les llegó hasta las hamacas. Escuché los gritos de desesperación de mi hermano, pero no pudimos llegar hasta el ranchito".
La madre, con 28 semanas de embarazo, fue poco lo que pudo hacer. Mientras el padre -literalmente- luchaba contra el agua para salvar a sus hijos, las tres niñas fueron arrastradas por la cañada. No había nada que hacer, salvo esperar que amaneciera para buscar los cuerpos.
Desolación
En la mañana, el barrio Paraíso del sector El Caimito aún estaba anegado, al igual que todo el oeste de Maracaibo. El desespero y la impotencia reinaban en el lugar. Desde niños hasta ancianos abandonaban sus casas con lo poco que pudieron salvar.
El alto nivel de las aguas retrasó la búsqueda de las niñas. Los funcionarios de Protección Civil y el Cuerpo de Bomberos debieron sujetarse a cuerdas para pasar de un lado a otro de la calle. A Johan Urdaneta, bombero, casi lo arrastra la corriente en su intento por rescatar el cuerpo de una de las niñas.
A las dos mayores las encontraron a 150 metros de la casa, mientras que la menor estaba a casi un kilómetro, entre los escombros que arrastra la cañada. Al mediodía trasladaron los cuerpos al Hospital Materno Infantil Raúl Leoni, donde la tía de las niñas comentó que la familia es oriunda del municipio Guajira. Tenían previsto pasar allá el fin de año.
Rafael Montiel, el padre, está desempleado, mientras que su esposa se ocupa de los niños. Daniel, de 13 años, asumió la manutención de su familia y vende chucherías en el centro. De sus cinco hermanos solo le quedan María Estela, un año mayor, y Adriana, de tres. Su madre está recluida en la maternidad Castillo Plaza, ya que presentó sangrado.
A las hermanas Montiel se las llevarán a la Guajira para enterrarlas, con ayuda de la Gobernación de Zulia y Petróleos de Venezuela. Pablo Pérez, primer mandatario regional, dio cuenta de cinco muertos y 11 personas desaparecidas. Los vecinos del oeste de la ciudad hablaban de más de 18 desaparecidos.
La arrastró la corriente
José Manuel Sánchez. Nelly Teresa Rincón, de 74 años, despertó a la 1.00 de la madrugada de ayer a José Antonio Ríos (71), su esposo, para decirle que el agua se estaba metiendo en la casa. Salieron de una de las dos piezas que tenía la vivienda, de apenas un año de construcción, y se encontraron con la peor de las imágenes.
La fuerza de la corriente de la cañada Fénix había abierto un boquete en el bahareque y por allí se fueron la cocina, la nevera y otros enseres. Solo cinco minutos después tumbó el resto de la pared y luego la casa completa se vino abajo, en el sector Los Navas del barrio El Samide.
Los ancianos caminaron para refugiarse debajo del techo de un taller ubicado en la esquina. Cuando el agua les sobrepasaba los hombros se aferraron a unas cabillas dobladas. Pero la fuerza del agua hizo que la mujer soltara la mano de quien fue su pareja por más de 15 años. Él soportó por unos minutos más pero luego se zafó.
Los 10 hijos de Rincón intentaron acercarse, pero la corriente no los dejó. Ya a media mañana, familiares y vecinos rescataron el cuerpo de la mujer, que fue arrastrado unos 300 metros. Su esposo sobrevivió y la acompañó hasta la morgue del Hospital Materno Infantil Raúl Leoni.
Quedó tapiada
A sus 70 años ya casi no veía. En medio del aguacero de la madrugada de ayer, Ana Palmar no se percató de que la pared de su rancho estaba a punto de desplomarse. En cuestión de segundos se derrumbó, le golpeó la cabeza y cayó desmayada entre los escombros.
El menor de sus ocho hijos, con quien vivía, resultó herido y no pudo hacer nada por su madre, que murió ahogada.
"Como a la 1.00 de la mañana nos avisaron que Ana no aparecía, pero la cañada había crecido mucho y tuvimos que esperar a que amaneciera. Pensamos que la había arrastrado la corriente y buscamos en las calles cercanas sin encontrarla. Fue como al mediodía que el vecino encontró el cuerpo", comentó Osmel Palmar, nieto de la víctima.
Vivía en el barrio Morrocoy del sector El Níspero, parroquia Antonio Borjas Romero. Sus familiares aseguraron que la velarían en la casa de su hija mayor, según las tradiciones de los guajiros.
FUENTE: Yanreyli Piña Viloria - http://www.laverdad.com




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