Jessica Cabrera, una diseñadora de 32 años que decidió cambiar “el malandreo” de Caracas por la “tranquilidad” de Choroní, cuenta a Morales que la crisis golpea a locales y turistas. No deja escapar a nadie.
Algunos proveedores “hacen su agosto” con la desesperación de los habitantes, su principal fuente de ingreso. “La comida llega cada 15 días al supermercado. Por eso a veces tienes que comprarle a los bachaqueros o bodegas que traen la harina pan en 2.800; el arroz, la pasta y el detergente en 3.000 bolívares”, agrega.
LA AFLUENCIA DE TURISTAS SE DESPLOMÓ
Ahora como administradora de una posada familiar, Cabrera asegura que en temporadas anteriores se alquilaban las 12 habitaciones del negocio durante toda la semana. Ahora, la posada recibe turistas solo los fines de semana y con suerte pueden alquilarse más de 3.
Los precios del servicio de hospedaje son entre 7.000 y 8.000 bolívares, sin embargo, la última palabra se la dejan al cliente. “A veces tenemos que dejarlas en Bs. 5.000 para que entre algo pues, pero eso no alcanza para nada”, confiesa.
Aun así, la paz que se respira en el ambiente de las costas aragüeñas es un extra para Jessica, quien considera exitosa la fórmula que usan los chorinenses para hacer frente a los momentos más difíciles que vive Venezuela: “Si no tienes dinero para comprar pollo o carne, pescas. Cuando vas al mar sacas cuatro o cinco pescaditos y resuelves para la semana”.
FUENTE: Agencias - http://sumarium.com


