"Cuando las encuestas empezaron a reflejar la
tendencia favorable a Chávez en el proceso electoral de 1998, a lo que
se sumó el desplome del andamiaje puntofijista, se gestó una
conspiración civil y militar que no logró el objetivo del golpe por el
rechazo que se generó en la oficialidad. Pero la semilla no murió",
escribe Rangel en su columna titulada "El golpe continuado"
Explica
que "ya en los años 2000-2001 aparecen síntomas de la trama
conspirativa, cuya expresión más clara fue el paro empresarial convocado
por Fedecámaras. La oposición se fue articulando en torno a un proyecto
antidemocrático, de respuesta a la oferta progresista del chavismo,
instrumentado por factores recalcitrantes del mundo civil y restos del
puntofijismo."
Agrega el periodista que "luego
de dos derrotas electorales contundentes, 7-O y 16-D, la oposición
aprovechó la oportunidad que se le presentó con la muerte de Chávez
-artículo 233 de la Constitución de 1999-. Y lo hace con un plan donde
la conexión internacional, los recursos financieros, la propaganda -a
cargo de expertos en guerra sucia-, son determinantes. En otras
palabras, insertando el nuevo intento de toma del poder en lo que es la
guerra de 'cuarta generación".
No obstante
sostiene que la etapa del "golpe continuado", "plantea al chavismo la
necesidad -y la urgencia- de asumir el 'contragolpe continuado', que
implica aplicar a fondo la ley para defender el orden constitucional."
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