La idea central de la automatización era emitir resultados de forma rápida y precisa que permitiera aislar cualquier vicio que diera lugar al fraude electoral, tan generalizado en la época de los años 70.
Una idea de cómo se expresaba la cultura del fraude en Venezuela fue recordada por el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, en una vivencia reseñada luego en el libro "Los cuentos del arañero".
Contó Chávez que en su época de teniente, en 1978, le correspondió junto a unos soldados a su cargo, resguardar un grupo de mesas de votación en una escuela rural a las afueras de San Carlos, estado Cojedes. De ese episodio recordó: "Los únicos testigos que había allí eran adecos y copeyanos. Los partidos de izquierda no tenían dinero, si acaso tenían testigos aquí en Caracas, en algunas partes, pero a nivel nacional, nada, qué testigos iban a tener. El adeco, el copeyano, el llamado Consejo Supremo Electoral todo era adeco y copeyano, el Pacto de Punto Fijo. Ellos abrían la caja y sacaban la tarjeta, era voto por tarjetas. Aquí estaba una, entonces iba alguien anotando en una pizarra, y ellos anotando en el acta que mataba los votos: AD, Copei, AD, Copei"
Continuó contando: "De repente salió por allá un gallo rojo, algunos votos del Partido Comunista salían. A mí me indignó porque hasta se burlaban. Uno de ellos decía: "Kikirikí, un gallo". Sí, se reían, lo cantaban, así como el bingo. Y entonces yo, teniente, que había tomado en serio mi Constitución, mis responsabilidades de la Patria, ya me sentía bolivariano, yo decía: "No, pero esto es una burla, vale, esto es una verdadera burla". Entonces decían: "Kikirikí te toca a ti". ¡Ah! ¡El triple gallo! El comodín. Entonces el gallo terminaba siendo adeco. Y al rato salía otro gallo ¿no?: "Kikirikí, me toca a mí".
El Presidente dijo que en esa época a los oficiales los "ponían como gafos a cargar el fraude, unas cajas ahí llenas de embuste", dijo en referencia a las "urnas", -hoy llamadas cajas de resguardo- que eran en ocasiones tiradas a la basura porque lo valedero al momento del conteo de votos eran las actas, tantas veces manipuladas, y no la voluntad popular.
Es así como se generalizó el "acta, mata voto" que, junto a otros entre otros hechos, minó la confianza de los venezolanos en el sistema electoral.
La desconfianza contra el árbitro se evidenció en el 39,84% de abstención que signó la elección presidencial de 1993, año en que fue electo Rafael Caldera, tradicionalmente copeyano y luego líder del partido Convergencia, quien se midió con Andrés Velásquez y Claudio Fermín.
Caldera fue proclamado bajo fuertes rumores de fraude sustentados en artículos de prensa y en la publicación de fotos con "urnas" de votación en basureros o quebradas de ríos.
Al respecto, la investigadora electoral, Janeth Hernández, refiere que la crisis política y electoral ocasionó que en el año 1996 sólo 8% de la población manifestara confianza en el ente electoral.
Este panorama fue amainando conforme avanzaba la investigación e implementación de máquinas automatizadas.
Indica Roberto Chang en el artículo mencionado al inicio que en el año 1988, el entonces Consejo Supremo Electoral retomó estudios para conocer el avance de la tecnología en máquinas de votación que había comenzado en 1972 y que detuvo un año después.
En 1989, Venezuela se preparaba para elegir por primera vez, a través del voto popular, a los gobernadores, alcaldes y concejales, por tanto era imperativo recurrir a la precisión de los equipos para hacer más transparente esta selección.
No obstante, no fue hasta el año 1992 que se contrataron 449 máquinas escrutadoras administradas por la recién creada Comisión Nacional de Máquinas Escrutadoras, de la Dirección General Sectorial de Máquinas Escrutadoras, encargada de "recibir, probar y adiestrar al personal para el funcionamiento de las máquinas", dice el artículo.
Los primeros en probar estas máquinas fueron los electores de los municipios Chacao, Baruta, Sucre, Heres, José Félix Ribas, San Carlos y Cabimas. Los ciudadanos usaron una boleta que fue luego procesada por las máquinas contratadas.
Debido a que no se hicieron simulacros previos para la utilización de los equipos hubo errores que sustentaron las sospechas que los partidos políticos crearon alrededor del nuevo sistema.
Fue hasta el año 1997 cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) -llamado así con la entrada en vigencia de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política- licitó compañías de automatización bajo la modalidad de "llave en mano", cuyo basamento era contratar empresas que tuvieran la responsabilidad de transportar equipos, de resguardarlos, de elaborar sus programas (software) y, además, de reclutar y adiestrar al personal encargado.
Luego de esto se establecieron tres simulacros que dieron paso a la elección presidencial de 1998, en la que ganó con el 50,20% de los votos, el comandante Hugo Chávez.
Para el año 2004, el Consejo Nacional Electoral (CNE) adquirió 20 mil máquinas de votación de la compañía Smarmatic, hoy una trasnacional que dota de tecnología electoral y soluciones automatizadas a 30 países.
Venezuela se convirtió en el primer país del mundo en realizar una elección nacional con máquinas que imprimen el comprobante del voto.
En ese entonces, el presidente del CNE, Jorge Rodríguez, anunció al país la adquisición de los equipos que comenzaría la automatización del voto en todo el país.
Explicó que la Comisión Técnica designada por el directorio electoral eligió siguiendo los siguientes parámetros: Capacidad de auditoría, seguridad de la data, confiabilidad del sistema, arquitectura tecnológica, durabilidad de la propuesta, tecnología probada y la experiencia de la empresa en procesos electorales.
El sistema venezolano es en la actualidad uno de los más auditados con pruebas realizadas antes y después de cada elección hasta sumar 18 revisiones hechas con la participación de especialistas electorales de los partidos políticos y del CNE, al igual que de acompañantes y académicos.
| FUENTE: Isabela Garrido - AVN |



