Una acera de la calle Santa Lucía de Campo Alegre, donde se encontraba una pila de basura, fue el lugar escogido para que un desconocido dejara tirado a un perro con tres días muerto, cuyo olor putrefacto era el principal causante de las quejas de los vecinos que se tapaban la nariz cuando caminaban a pocos metros del animal descompuesto en la comunidad porteña.
Residentes denunciaron que no es la primera vez que esa esquina es tomada como un basurero temporal, mientras esperan la visita del aseo urbano que usualmente aparece cada dos semanas.
“Estamos invadidos de moscas verdes, los camiones del aseo se olvidaron de Campo Alegre. Cuando llueve es peor porque la basura de la parte alta es arrastrada por las aguas y queda estancada en las calles de la zona baja. Para colmo, el olor a perro muerto tiene loco a más de uno”, dijo el señor Martín Gómez, vecino de esta comunidad.
Sin el chivo y sin el mecate
Unas cabillas oxidadas alrededor de la antigua cancha, el piso rústico sin nada de pintura, ausencia de tableros de baloncesto y la falta de arquerías de fútbol sala, acabaron con las “caimaneras” deportivas que hacían los jóvenes del barrio.
El panorama es el mismo desde hace tres años, cuando la alcaldía de Puerto La Cruz desmanteló el espacio deportivo, con el propósito de convertirlo en uno mucho mejor.
“Durante una visita a nuestro sector, el alcalde Stalin Fuentes prometió que repararía la cancha y que la convertiría en una de las más modernas de Puerto La Cruz. Tendría el piso revestido, cerca perimetral, techo, seis postes de luz y gradas, pero nos dejó sin el chivo y sin el mecate porque destruyeron lo poquito que teníamos para quedarnos sin nada”, explicó Luis Rivera.
Otro de los problemas de la comunidad es el servicio eléctrico. En lo que va de año, los apagones se volvieron más constantes en Campo Alegre y la mayoría de las calles como la mitad de La Línea, El Espejo, La Torre, Santa Lucía y Montalbán tienen el alumbrado público dañado. “Cada vez que llega la noche quedamos a oscuras, hay mucho peligro y los delincuentes aprovechan para hacer de las suyas.
Roban zapatos, carteras y hasta las bolsas de comida que la gente compra al salir del trabajo. La policía conoce de estos hechos, sin embargo brilla por su ausencia”, manifestó un vecino que prefirió mantener su nombre en el anonimato para evitar posibles represalias de parte de los hampones que dominan la parte alta del sector.
Lluvia mala
El temor que padece la señora María Maica toma vida cada vez que llueve. Ella reside en la calle El Espejo y frente a su residencia hay un cerro que representa una amenaza para las familias que viven en esta vía.
“En cualquier momento podría ocurrir una desgracia, ese cerro se está cayendo y necesita un muro de contención”, advirtió Maica, bastante angustiada.
Entre las calles más deterioradas, La Torre encabeza la lista. Los cráteres que cubren el camino se multiplican con las lluvias y no hay lugar liso para el paso de vehículos. En lo más alto de la comunidad sobran las familias que viven en ranchos y no tienen información concreta sobre los planes de la alcaldía para construir viviendas.
A Campo Alegre se le están acabando las razones para mantener a sus residentes de buen humor. Las carencias del sector y las fallas en los servicios se acentúan sin que los vecinos tengan una respuesta positiva que acabe con sus angustias.
Con agua
En lo que va de año, el servicio de agua mejoró en la comunidad de Campo Alegre. Antes los vecinos pasaban penurias para contar con el vital líquido y dependían de la visita de los camiones cisternas. El transporte que cubre la ruta hacia La Caraqueña pasa por la entrada de la zona hasta altas horas de la noche.
FUENTE: Omar Enrique Pérez - http://eltiempo.com.ve




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