Los esfuerzos que hacen muchos novios para llegar en su mejor línea a la boda parece que no sirven de mucho: casarse engorda. Y divorciarse también.
Ésa es la conclusión de un estudio de la Asociación Estadounidense de Sociología, según el cual el riesgo de subir de peso se incrementa tanto en los dos primeros años de matrimonio como en los dos que siguen al divorcio.
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