domingo, 22 de junio de 2014

El perfil del geógrafo revolucionario reconocido por ser efciente

Jugando con las reminiscencias literarias de su nombre, un conocedor de La divina comedia afirmaría que Dante es capaz de hacer eficiente, incluso, el infierno venezolano: un sitio donde —según cierto chiste— cuando hay lata no hay estiércol, cuando hay estiércol no hay lata, y cuando hay lata y estiércol, no hay quien les eche el latazo a los condenados (cierto: el chiste no dice estiércol, pero esa otra palabra hay que reservársela para cuando sea realmente necesaria).

Por supuesto que el Dante al que se refiere este amigo es Dante Rivas, el funcionario que puso a funcionar a organismos públicos que añejaban la peor de las famas en lo que respecta a sitios infernales. Sacar la cédula o el pasaporte, renovar la licencia de manejar o arreglar algún problema con el vehículo eran gestiones para las que había que cargarse de paciencia, ejercitar la tolerancia ante el irrespeto y tener una billetera repleta para pagar peajes y sobornos a demonios de toda calaña. El geógrafo margariteño, que actualmente tiene 39 años, llegó al Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) y lo puso a entregar pasaportes el mismo día, tras concertar una cita por internet; y luego pasó al Instituto Nacional de Transporte y Tránsito Terrestre e hizo lo mismo con licencias y otros trámites sobre automotores.

Con semejantes credenciales, Rivas logró una hazaña pocas veces vista: hasta algunos opositores se atrevieron a admitir públicamente que era un gerente eficiente “a pesar de ser chavista”, como suelen acotar quienes tienen la mente muy endiablada.

Su actitud gerencial también despertó recelos en filas revolucionarias, donde alguna gente abjura de todo lo que huela a tecnocracia. Los operadores del revolucionómetro lo ubicaron en la lista de sospechosos de estar infiltrados. Pero cuando lo investigaron a fondo, se percataron de que el competente funcionario ha sido de izquierda desde sus años mozos, sobre todo en los tiempos en que estudiaba en la Universidad de los Andes y militaba en un grupo denominado Utopía 78, del que también formaron parte otros que han destacado en labores públicas, como Tareck El Aisami, Haiman El Troudi y Hugo Cabezas. Uno de sus compañeros de esa época, Oleg Oropeza, opina que la gran ventaja de Rivas es que a su talento natural ha sabido sumarle el estudio. “Es inteligente y educado, dos características que no siempre son concomitantes”, dice.

“Sabe organizar excelentes equipos. Impregna a todos sus colaboradores, desde sus asistentes inmediatos hasta la última secretaria, de una mística de trabajo, les da formación y les da respeto, los trata a todos como gente”, comenta la articulista Carola Chávez quien, en su carácter de margariteña asimilada, ofrece una hipótesis de por qué, teniendo tantos méritos, Rivas fracasó en su empeño de ser alcalde del municipio Mariño de Nueva Esparta: “No tuvo el apoyo necesario, lo dejaron solo. Seguramente sabían que iba a subir los estándares, que con él los flojos no iban a tener espacio”, dice.

Luego de su fallida incursión en la isla, el presidente Nicolás Maduro lo ha enviado de nuevo a funciones reservadas a los que saben lidiar con las huestes infernales: el Ministerio de Comercio y la Superintendencia de Defensa de los Derechos Económicos. Allí tendrá que demostrar si Dante es —como dice otro buen amigo— el tecnócrata necesario.

FUENTE: Ciudad Ccs - http://laiguana.tv

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