domingo, 26 de agosto de 2018

Pasaportes y cédulas: El largo camino hacia la identidad

Rubén estaba listo para casarse con Andrea, su novia de la adolescencia; su año fijado era 2017. Pero él tenía varios meses sin cédula porque la perdió y en todas las sedes del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) que visitó en busca de jornadas de cedulación le dijeron que no había material. No fue hasta mayo de 2018 que logró sacar su documento de identificación; ya los planes para el matrimonio se habían pospuesto. También en 2017, a Rubén y a Andrea se les presentó la oportunidad de emigrar a Chile, pero él tenía un año intentando tramitar su pasaporte vencido.

En octubre, Andrea cumplirá un año viviendo en Chile, país al que, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) han ingresado unos 150.000 venezolanos entre 2014 y 2017. Rubén tiene igual tiempo haciendo colas a diario en el Saime ubicado en Plaza Caracas. De 244 oficinas a nivel nacional, esta es la única que está habilitada para atender a los ciudadanos y tramitar pasaportes por casos especiales como enfermedad o viaje con pasaje en mano. Rubén comenzó a insistir de forma presencial, porque luego de probar suerte una vez en la plataforma del Saime, se enteró de que un error, proceso abierto le decía, le impedía tramitar el pasaporte.

Ha ido tantas veces con la esperanza de solucionar, que ya perdió la cuenta. Se levanta a las 3:00 am, recorre 52 kilómetros desde Guatire, estado Miranda, hasta el centro capitalino y aún así, cuando llega, la cola ya le da la vuelta a la cuadra del Teatro Municipal. El tiempo invertido en colas le alcanzó para leer más o menos diez libros completos. Muchas veces durmió en alguna plaza o edificio cercano para amanecer en la entrada del Saime, pero desistió cuando se dio cuenta de que eso no mejoraba el proceso.

Ya se acostumbró a ver cómo la incapacidad de la institución gubernamental para atender la demanda de los venezolanos sin documentación se torna en la hostilidad de civiles y cuerpos de seguridad del Estado. A las 7:00 am comienzan a llegar los funcionarios de la Guardia Nacional para poner orden en la cola kilométrica, que a veces muta en varias porque todos los ciudadanos están desesperados por llegar a la taquilla de atención al cliente. Abundan mujeres con niños en brazos, adultos mayores, parejas de jóvenes y cobijas. Grandes bolsos y almohadas evidencian el trasnocho de quienes son del interior del país.

La mayoría de las personas que esperan lucha para mantener a salvo su lugar y evitar que otros quieran pasar sin hacer cola, mientras los funcionarios de la Guardia Nacional le gritan a todo aquel que se acerque a la entrada, aunque solo tenga intención de preguntar cuál es el horario.

Carol Rodríguez y Alberto Medina tienen cuatro semanas esperando que les asignen la cita para renovar el pasaporte de sus morochos de cinco años. El documento lo tramitaron cuando los niñños tenían un año y, de acuerdo a lo que les informaron funcionarios del organismo, deberían tomarse una foto nueva. Sin embargo, la única opción que ofrecía la plataforma del Saime era la prórroga. El proceso, cuenta Carol, fue sencillo y pagaron sin problemas; la promesa fue que recibirían la convocatoria en 48 horas.

De acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño, los hijos de Carol y Alberto deberían gozar de una identidad y del acceso a mecanismos que los registren como individuos parte de una nación, tal como lo son el pasaporte y, cuando llegue el momento, la cédula.

El difícil acceso a la identidad en Venezuela y la demora en la entrega de los pasaportes les viola a los hijos de Carol y Alberto el artìculo 22 de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (Lopnna). ->>Continuar leyendo...

FUENTE: María Vallejo - http://elpitazo.com ->> Ir

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